Señora Canciller, no estreche la mano de Abdel Fatah al Sissi

03/06/2015
Comunicado
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Columna de Karim Lahidji publicada en el diario alemán Die Zeit, con motivo de la visita oficial del general Abdel Fattah Al Sissi a Berlín el 3 y 4 de junio.

Señora Canciller:

Dentro de pocos días estrechará usted la mano del general Abdel Fatah al Sisi.

Estrechar esa mano significa negar una oportunidad a la paz y a la estabilidad en Oriente Medio, y perpetuar las ruinas de un sistema injusto. Un sistema basado en la violencia, la dominación y la humillación, la invasión regulada de la sociedad civil y de la vida política. Como ya han demostrado las revoluciones que sacuden el mundo árabe, se trata de un orden que ya no es viable.

Desde que tomara el poder en julio de 2013, el general Abdel Fatah al Sisi orquesta una represión sin parangón en la historia del Egipto moderno. Según las cifras documentadas, establecidas por las ONG egipcias independientes, hay encerrados en las cárceles más de 41 000 presos y presas políticos, entre los que se encuentran destacadas figuras del activismo democrático como Alaa Abdel Fatah y Yara Sallam. Tras una serie de juicios masivos propios de una farsa se han dictado más de 670 sentencias a la pena de muerte. Toda reunión de más de diez personas que no haya sido autorizada por el Ministerio del Interior está prohibida. Las ONG independientes, y entre ellas varios miembros de la FIDH, han sido objeto de varios ultimátums, enmiendas al Código Penal y medidas de represalia y esperan el golpe de gracia que amenaza con enviar a sus miembros a prisión de por vida por recibir financiación extranjera con la finalidad de perjudicar al "interés nacional".

Tal como muestra un informe publicado recientemente por la FIDH, se han generalizado los actos de violencia sexual cometidos por las fuerzas de seguridad policiales y militares contra hombres y mujeres, en la misma medida en que se ha multiplicado las detenciones. El hostigamiento, las violaciones, las violaciones con objetos y la electrocución de los genitales son prácticas muy extendidas en los centros de detención, que amenazan por igual a toda persona interpelada por las fuerzas del orden. El general Abdel Fatah al Sisi en persona ha defendido las "pruebas de virginidad" a las que los militares someten a las manifestantes y que, a pesar del compromiso por parte del ejército a terminar con ellas, siguen siendo una práctica corriente.

Cuando vaya usted a estrechar esa mano, la represión estará a punto de adquirir unas proporciones aún más alarmantes. El 17 de mayo, un tribunal militar juzgó a seis hombres que fueron ejecutados de manera sumaria antes de que comparecieran en la vista de apelación. El 20 de mayo, el cuerpo torturado de un estudiante de la Universidad de Ain Shams, Islam Atito, fue encontrado en el desierto, un día después de que las fuerzas de seguridad lo detuvieran en plena clase. Y cuando regrese a su casa, después de haberle estrechado la mano, el Sr. al Sisi encontrará en su despacho un proyecto de ley contra la ciberdelincuencia al que solo falta su firma para entrar en vigor. Según las versiones que se han filtrado a la prensa, este texto otorgará al juez el poder de dictar penas de cadena perpetua por "delitos cibernéticos" cometidos con intención de "perjudicar a la unidad nacional" o a una "religión divina", cometer "blasfemia" o un "delito sexual" en las redes sociales.

La mano que usted va a estrechar, es la que amordaza a los activistas, defensores y defensoras de los derechos humanos, la que electrocuta y viola el cuerpo de los prisioneros y prisioneras políticos, la misma que inspecciona la vagina de las manifestantes y el ano de los hombres homosexuales en nombre de las "pruebas de virginidad" impuestas por el orden militar, la mano que firma la sentencia de muerte de cientos de prisioneros y prisioneras políticas al final de los juicios espectáculo.

Como ha señalado precisamente su portavoz, Egipto es una pieza fundamental de la estabilidad regional. Señora Canciller, lidere un cambio histórico. Demuestre que para usted el derecho a la dignidad, la seguridad y la integridad física de los egipcios y de las egipcias tienen el mismo valor que el de cualquier ciudadano alemán: es inalienable y fundamental. Al hacer esto, estará comunicando al conjunto de los pueblos árabes que usted se niega a liberarles de una barbarie para abandonarles en las garras de otra. Manifestará igualmente que reconoce su aspiración a disfrutar de los mismos derechos que usted misma. De este modo dará usted un gran paso en favor de la paz, de la seguridad y de la estabilidad en Oriente Medio y en Europa.

No estreche la mano de Abdel Fatah al Sisi.

Karim Lahidji
Président de la FIDH

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