Egipto: Entrevista de Hafez Abu Saeda, presidente de la Organización egipcia de los derechos humanos, representante permanente de la FIDH ante la Liga de los Estados Árabes.

03/02/2011
Comunicado
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Sr. Hafez Abu Saeda, en su opinión, ¿cuáles son los motivos del levantamiento del pueblo egipcio?

El pueblo egipcio desea liberarse de este gang que reina en nuestro país desde hace demasiado tiempo. El pueblo reclama la democracia. Ya no quiere a Mubarak ni su régimen. Deseamos nuevas autoridades, un Estado democrático que respete a los seres humanos. Deseamos que las personas que violen los derechos de las personas sean juzgadas. Desde el inicio de las manifestaciones contra el régimen de Mubarak, ha habido 300 muertos y más de 2000 heridos. Ahora, ya ha llegado el momento para que se garanticen la democracia, las libertades y el respeto de los derechos humanos en este país.

¿Sería posible una situación similar a la de Túnez?

Sí. Lo que está sucediendo en mi país es similar a lo que ha pasado en Túnez. Efectivamente, estamos en el camino del cambio de régimen. No es tan probable que el presidente Mubarak salga del país como lo ha hecho Ben Ali; no obstante, el régimen ya ha cedido al reconocer que las últimas elecciones legislativas [la segunda vuelta de las elecciones se celebró el 5 de diciembre de 2010] no fueron organizadas ni de manera regular, ni libre ni transparente. Efectivamente, el poder ha falseado las elecciones. El nuevo vicepresidente, Sr. Omar Suleiman está en negociaciones con la oposición para la aplicación de reformas políticas y constitucionales. Hay charlas en curso para la revisión de los artículos 27 y 76 de la Constitución para cambiar las condiciones de candidatura para las elecciones presidenciales y para limitar hasta dos el número de mandatos presidenciales posibles. Paralelamente, el pueblo sigue pidiendo la partida de Mubarak y pide que se establezca una Asamblea constituyente.

¿Cabe preocuparse por nuevas represiones de las manifestaciones, particularmente la prevista este viernes?

Desafortunadamente, sí. Con lo que hemos visto hoy [miércoles 2 de febrero 2011], tememos que haya violencias el viernes. Hoy, los partidarios del poder han agredido con una rara brutalidad a las personas que manifestaban pacíficamente en la plaza Tharir. Sin embargo, los líderes de las manifestaciones están determinados a seguir sus acciones hasta alcanzar sus objetivos, es decir, un nuevo país, un nuevo régimen que cree en la democracia.

Actualmente, algunas diplomacias parecen dar la espalda al régimen de Mubarak, pero ¿qué pensar del silencio especialmente de la Unión Africana y de la Liga de Estados Árabes sobre los acontecimientos actuales en Egipto?

Efectivamente, el régimen de Mubarak ha estado apoyado desde hace mucho tiempo por regímenes africanos y árabes y también países como Estados Unidos de América y países europeos. Desde hace muchos años la FIDH intenta abrirles los ojos sobre la realidad del régimen. Actualmente, dichos países deberían apoyar las aspiraciones del pueblo egipcio y no del régimen. Este régimen va a partir. La comunidad internacional debe ponerse del lado de los egipcios que hacen un llamamiento al respeto de los derechos humanos y a la posibilidad de vivir en un Estado democrático con la facultad de elegir libremente su presidente y sus representantes en el Parlamento.

¿Sería posible que la revolución tunecina se difunda como una onda más allá de Egipto?

La revolución tunecina ha sido un ejemplo para el pueblo egipcio. Ahora, los egipcios tratan de demostrar que es posible liberarse de la dictadura.

¿Cuáles serían las consecuencias del periodo post-Mubarak en el proceso de paz israelo-palestino?

Los egipcios están a favor de un arreglo pacífico del conflicto israelo-palestino. En este respecto, hacen un llamamiento para dar fin a las agresiones contra el pueblo palestino. Desean que la comunidad internacional redoble sus esfuerzos para llegar al establecimiento de un Estado palestino que pueda vivir en acuerdo con el Estado de Israel. Los pueblos deberían poder vivir en paz y en seguridad en Estados democráticos.

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