El significado de Europa

Columna de Karim Lahidji, Presidente de la FIDH, publicada por Deutsche Welle (en inglés) en respuesta a la crisis de refugiados en europa.

El 14 de septiembre los ministros del Interior de la Unión Europea (UE) se reunirán en un encuentro extraordinario para estudiar una solución europea a la crisis de refugiados más grave desde la Segunda Guerra Mundial. En reiteradas ocasiones Europa ha sido incapaz de demostrar valor y responsabilidad ante este desafío, el mayor al que se enfrenta la región. Si este lunes Europa vuelve a fracasar y sigue siendo incapaz de plantear una respuesta unida y ambiciosa, no solo estará abandonando a su suerte a miles de personas civiles inocentes, sino que también estará renunciando al significado fundamental de Europa.

Se estima que en los primeros ocho meses de 2015 aproximadamente 350 000 personas han intentado llegar a Europa por mar, la gran mayoría huyendo de los conflictos de Siria, Afganistán, Iraq y Libia, o de la persecución y la violencia de Eritrea. Sin embargo, mientras los países vecinos de Siria se esfuerzan para dar cobijo a alrededor de cuatro millones de refugiados, los países de la UE —con una población total de 500 millones— han anunciado orgullosamente su compromiso de acoger únicamente a 22 000 ciudadanos y ciudadanas de fuera de Europa. En el último encuentro de ministros del Interior de la UE celebrado el pasado mes de julio, los Estados no lograron aprobar la proposición de la Comisión Europea de trasladar a 40 000 personas desde los dos principales puntos de entrada a Europa, Italia y Grecia, e insistieron en que no se llevaría a cabo ninguna tarea de reasentamiento y traslado si no era de manera voluntaria. Desde entonces tan solo Alemania y Suecia han mostrado un compromiso serio en materia de acogida de refugiados.

El plan desvelado por el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, la semana pasada en Estrasburgo durante su intervención anual ante el Parlamento Europeo, prevé el reasentamiento de urgencia de otros 120 000 refugiados en toda la UE, como respuesta a la crisis y para aliviar a los Estados de entrada. Sin embargo, todavía no está nada claro que los ministros del Interior de la UE aprueben tan siquiera esta propuesta, que no satisface en lo más mínimo las necesidades de reasentamiento evaluadas por ACNUR.

Varios países de la UE, especialmente Hungría, la República Checa, Eslovaquia y Polonia, han manifestado durante las últimas semanas una fuerte oposición a cualquier plan de emergencia que implique un programa de reasentamiento permanente. Otros países de la UE —como el Reino Unido, Irlanda y Dinamarca— estarían exentos de un programa de este tipo.

Ante una tragedia humana de una dimensión sin precedentes, las prioridades de la UE siguen siendo reforzar el control de las fronteras, intensificar los esfuerzos para devolver a las personas sin derecho a protección internacional y aumentar la cooperación con los países de origen y de tránsito para contener la migración irregular. Así, la única cuestión sobre la que los países de la UE parecen estar de acuerdo es en reforzar la seguridad: se han incrementado de forma significativa los medios de la agencia de fronteras de la UE, Frontex, y se ha lanzado una operación militar de la Unión para interceptar a las embarcaciones de migrantes en el mar.

Otras propuestas que restringirían aún más la posibilidad de que los demandantes de asilo lo obtengan en Europa están ganando apoyo de diversos Estados. Un plan particularmente alarmante propone establecer un listado de países de origen que la UE considera "seguros" para poder "filtrar" rápidamente a grupos enteros de población al considerar inadmisibles sus solicitudes de asilo. En algunos de los países que se barajan para figurar en esta lista, como Kosovo o Turquía, siguen existiendo violaciones graves y generalizadas de los derechos humanos.

A medida que continúa el debate y persisten las discrepancias entre los países de la UE sobre la naturaleza y la dimensión de la respuesta, imágenes y titulares terribles revelan una Europa donde, en vez de obtener una protección a la que tienen derecho, hombres, mujeres y niños que huyen la guerra y la persecución son recibidos con más obstáculos y hostilidad. Cuerpos amontonados a las orillas de Europa, personas asfixiadas en embarcaciones no aptas para la navegación o aplastados en la parte trasera de un camión, campamentos improvisados en los que las personas se ven obligadas a subsistir en condiciones infrahumanas mientras esperan que se examine su demanda de asilo o se les traslade a otro país de la UE, imágenes que se han convertido en el símbolo de una Europa que ya no parece saber quién es.

Esto contrasta llamativamente con las iniciativas de la sociedad civil que se han multiplicado por toda Europa, brindando una respuesta espontánea a los desafíos que los Gobiernos de la UE no están preparados para afrontar y poniendo de manifiesto su pasividad. Estas iniciativas y las personas que las promueven representan otra Europa, una Europa que se niega a cerrar los ojos frente al sufrimiento humano y frente a sus propias obligaciones legales y morales, que está lista para actuar y suplir la falta de liderazgo político y la debilidad moral de sus Gobiernos.

En su encuentro de este lunes, los ministros del Interior de la UE deben rechazar de una vez por todas el fragmentario enfoque que hasta el momento ha caracterizado sus intervenciones, para adoptar una estrategia común, como recomendaba a principios de esta semana ACNUR en sus pautas para hacer frente a la crisis de refugiados en Europa.

Ante todo, la UE debe abrir más vías de migración segura y legal a Europa para disminuir el número de personas que se ven obligadas a recurrir a traficantes sin escrúpulos y a arriesgar sus vidas en el mar por falta de otras opciones. Esto debería incluir la concesión de visados y facilitar la reunificación familiar.

En segundo lugar, es necesario compartir responsabilidades. Todos los Estados deben participar en un programa permanente de traslado de refugiados cuando su número se incremente en las fronteras europeas y se debe alcanzar un compromiso más amplio de reasentamiento.

El sistema de asilo de la UE —también llamado acervo en materia de asilo— debe aplicarse también de forma efectiva y se deben iniciar investigaciones sobre presuntas vulneraciones al mismo. Debe reformarse el Reglamento de Dublín, que atribuye una responsabilidad desproporcionada a los países de entrada de migrantes en cuanto al trámite de solicitudes de asilo, para que las responsabilidades se basen más en la capacidad de acoger que simplemente en la ubicación del Estado. Se debe asimismo permitir a las personas demandantes de asilo que elijan el país en el que quieren presentar su solicitud de asilo.

Estas iniciativas deberían ir acompañadas de un esfuerzo por establecer una auténtica operación de búsqueda y rescate en el Mediterráneo y por abordar la raíz de las causas de la crisis de refugiados.

Es hora de que Europa demuestre sus valores fundadores al reconocer la humanidad y la dignidad de quienes que se embarcan en peligrosos viajes y arriesgan sus vidas para llegar hasta ella y proporcionen una respuesta unida y eficaz a su petición de protección y asistencia. Es hora de que Europa se una contra quienes buscan desarrollar su propio programa antidemocrático y xenófobo y se mantengan junto quienes han mostrado su solidaridad y han abierto las puertas a los refugiados. Es hora de que Europa demuestre liderazgo político y moral y reafirme de una vez por todas lo que significa: democracia, dignidad humana y sobre todo, respeto de los derechos humanos.

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