"Luego del anuncio de la orden de detención contra Omar El-Béchir, grandes camiones y hombres armados aparecieron en la sede de nuestra organización"

07/04/2015
Comunicado
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Retrato de Amir Suliman, defensor sudanés de derechos humanos

Amir Suliman es un abogado sudanés y uno de los fundadores del Centro Africano para Estudios de Justicia y Paz (ACJPS, por sus siglas en inglés). Reside en Kampala desde 2009, cuando se vió obligado a huir de su país por miedo a represalias por parte del Gobierno por su implicación en la defensa de los derechos humanos y en cuestiones de justicia internacional.

En 2008, agentes del Servicio Nacional de Seguridad e Inteligencia (NISS) detuvieron y torturaron a Suliman y a sus compañeros Osman Hummaida y Abdel Moneim al Gak, por su supuesta colaboración con la CPI. En febrero de 2009, mientras ocupaba el cargo de director del Centro de Derechos Humanos y Desarrollo del Medioambiente de Jartum (KCHRED), la FIDH le informó que la CPI iba a presentar una orden de detención contra Omar al Bashir por las violaciones de los derechos humanos cometidas en la región de Darfur. Suliman, tras consultar a otros miembros del KCHRED, decidió que era mejor abandonar el país.

"Tras el anuncio de la orden de detención contra al Bashir, irrumpieron en nuestra sede varios camiones grandes y hombres armados con pistolas. Se lo llevaron todo, desde los ordenadores hasta los equipos de aire acondicionado que estaban en las paredes. Pero lo más importante es que se llevaron nuestra biblioteca, la primera biblioteca sudanesa de derechos humanos, que tanto estudiantes como profesionales habían ayudado a crear a lo largo de los años. Cerraron la biblioteca y la dejaron abandonada," cuenta Suliman.

A raíz de estos acontecimientos, Suliman, junto con Osman Hummaida y Abdel Moneim al Gak, interpuso una demanda ante la Comisión Africana de Derechos Humanos y de los Pueblos (CADHP), en la que pedían reparación por el maltrato sufrido en 2008. En febrero de 2015, tras seis años de procedimientos jurídicos, la CADHP declaró que el Gobierno sudanés debía responder por estas violaciones e instó a las autoridades a que investigara los hechos y persiguieran a los agentes de seguridad y de inteligencia presuntamente responsables. La Comisión también solicitó que se desbloquearan las cuentas del KCHRED, que se permitiera su reapertura y se indemnizara a las víctimas. La decisión de Suliman, junto con sus compañeros, de presentar una demanda, así como su constancia a lo largo de todos los años de procedimientos, dan prueba de su fe en la utilidad de los mecanismos regionales e internacionales.

Nada más instalarse en Uganda, Suliman, con Osman Hummaida y otros activistas, fundaron la ACJPS. Gracias a su pasión por la justicia y su determinación, la organización pronto pasó a desempeñar un papel fundamental en el ámbito de la investigación y la lucha contra las violaciones de derechos humanos en Sudán. Actualmente ocupa el cargo de director del departamento jurídico.

Entre otras actividades, la organización se ocupa de vigilar la situación de derechos humanos en Sudán, de promover los derechos humanos a escala nacional, regional e internacional y de impulsar la reforma del sistema de justicia y de determinadas leyes vigentes en Sudán. La ACJPS hace también especial hincapié en la educación en derechos humanos. "Hemos formado mucha gente en diversas cuestiones de derechos humanos, incluso a agentes de policía y asesores legales. Lo que más me impresiona de ellos es su deseo por saber más. Por ejemplo los agentes del orden, en la cuestión de la tortura: la mayor parte no sabe que es ilegal y al descubrilo, algunos deciden contarlo a su alrededor. Los asesores legales aprender a formular las preguntas necesarias para averiguar si los casos que tratan implican situaciones de tortura," explica Suliman.

El interés de Suliman por las cuestiones relativas a los derechos humanos se debe, en parte, a su historia familiar. Su propio padre, presidente del sindicato de veterinarios (1986-1989) y miembro de la Secretaría de la Alianza Democrática Nacional, fue detenido y sometido a maltrato en numerosas ocasiones por su implicación política. En 1989 Suliman fue testigo del golpe militar que llevó al poder al presidente Omar al Bashir. Tras el golpe, el Gobierno democrático se disolvió y se prohibieron los sindicatos y las organizaciones de la sociedad civil. Fue en este ambiente opresivo en el que Suliman inició sus estudios de derecho en la Universidad Elneelin de Jartum en los años noventa, en la misma época en la que comenzó su carrera como activista. Estas experiencias motivaron a Suliman a situar el respeto de los derechos humanos en Sudán en el eje de su carrera jurídica.

Después de su graduación, Suliman trabajó como abogado en un bufete privado en el que defendió a víctimas de violaciones de derechos humanos ante los tribunales sudaneses. Entre sus clientes se encuentran reclusos condenados a muerte (en inglés) sometidos a condiciones inhumanas de detención -algunos vivieron encadenados durante más de trece años-.

Suliman, antes de fundar el ACJPS con Osman Hummaida, trabajó para muchas de las organizaciones más importantes de defensa de los derechos humanos, entre ellas el Grupo Sudanés de Derechos Humanos, la Organización Sudanesa Contra la Tortura, el Centro Amal para la rehabilitación de las víctimas de la tortura y el KCHRED.

Entre sus contribuciones más importantes a la mejora de los derechos humanos en Sudán está su participación en la campaña para incluir una carta de derechos en la constitución sudanesa. Mientras trabajaba como director del KCHRED, ayudó a impulsar la campaña de sensibilización sobre la importancia de la carta de derechos, con la que alcanzó incluso las zonas más marginales del país. En 2005, y por primera vez, se introdujo en la constitución de Sudán una carta de derechos, que forma parte de la Constitución Nacional Provisional de la República de Sudán.

En el ámbito regional e internacional, ha colaborado con organizaciones como la FIDH, Human Rights Watch y Amnistía Internacional, colaboraciones que contribuyen a sacar a la luz las situaciones de vulneración de los derechos humanos en Sudán. "La FIDH nos ha ayudado a mejorar nuestra capacidad de comunicación con los mecanismos regionales de derechos humanos, así como a llevar la voz de los sudaneses ante el Consejo de Derechos Humanos," dijo Suliman.

Sudán afronta una serie de conflictos aún activos, sobre todo en Darfur, en el estado del Nilo Azul y en Kordofán del Sur. En estas regiones se cometen con regularidad crímenes internacionales. El deseo de Suliman es que la resolución de estos conflictos sea una prioridad absoluta para todos. "Este pueblo quiere paz y no merece nada de lo que está pasando. Durante años, el pueblo ha vivido sin educación, sin acceso a servicios de salud o vivienda. Esperemos que la paz y la seguridad llegue, al menos en estos tres ámbitos." Aún cuando a Suliman no se le permitió regresar a Sudán hasta 2009 siempre estuvo plenamente comprometido con su país natal, a través de su trabajo para terminar con todos los obstáculos que impiden el pleno disfrute de los derechos humanos a las personas que viven en Sudán.
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