RDC: La CPI condena a Bosco Ntaganda a 30 años por crímenes de guerra y crímenes de lesa humanidad

El 7 de noviembre de 2019, un panel de jueces de la Corte Penal Internacional (CPI) condenó por unanimidad a Bosco Ntaganda a un total de 30 años de prisión, la pena más alta que jamás ha dictado la Corte. La FIDH y varias de sus organizaciones miembros, la Association Africaine de Défense des Droits de l’Homme (ASADHO), Groupe Lotus y la Ligue des Electeurs, documentaron los crímenes cometidos en la región de Ituri, en el noreste de la República Democrática del Congo (RDC), y presentaron este material a la CPI, lo que dio lugar al procesamiento de Ntaganda.

Este mismo año, el 8 de julio, Ntaganda fue declarado culpable de 13 cargos de crímenes de guerra y 5 cargos de crímenes de lesa humanidad, cometidos en el conflicto de Ituri de 2002-2003, en la República Democrática del Congo (RDC), lo que supone el mayor número de cargos por los que ha sido condenado una persona acusada ante la CPI. Ntaganda ocupaba un alto cargo cuando se cometieron los presuntos crímenes, ya que era jefe adjunto del Estado Mayor y comandante de las operaciones militares de las Fuerzas Patrióticas para la Liberación del Congo (FPLC), y lideró a las tropas que cometieron brutales atrocidades contra la población civil.

Durante la audiencia de sentencia, los jueces declararon que, a pesar de la gravedad de los crímenes cometidos y de la ausencia de circunstancias atenuantes, no se justificaba la imposición de una pena de cadena perpetua, como había solicitado uno de los representantes legales de las víctimas. La Sala impuso penas específicas para cada uno de los crímenes cometidos por Ntaganda, que iban de los 8 a los 30 años de prisión, lo que supone una pena total de 30 años de prisión. El tiempo que Ntaganda ha pasado detenido en la CPI –del 22 de marzo de 2013 al 7 de noviembre de 2019– se deducirá de la condena. Ntaganda puede apelar esta sentencia en un plazo de 30 días. La decisión judicial del 8 de julio también está sujeta a apelaciones.

La sentencia refleja la gravedad y la multitud de crímenes por los que ha sido condenado. Reconoce, además, como destacó el juez Robert Fremr, el daño profundo y duradero infligido a las víctimas de la violencia sexual y de género, en particular a los niños y niñas. Si bien esta sentencia nunca podrá hacer olvidar el sufrimiento de las víctimas, la FIDH espera que el día de ayer marque un paso adelante en la lucha contra la impunidad de los crímenes cometidos en la RDC.

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