Crímenes de guerra en República Centroafricana

Por primera vez, la FIDH interpone formalmente una “denuncia” ante la Corte penal internacional

París, 13 de febrero del 2003

En su informe “Crímenes de guerra en la República Centroafricana” publicado el día de hoy, la FIDH pone de manifiesto la responsabilidad penal internacional por crímenes de guerra del congolés Jean-Pierre Bemba, del mercenario chadiano Abdoulaye Miskine y del Presidente de la República Centroafricana, Ange-Félix Patassé.



Una misión internacional de investigación de la FIDH, compuesta por Bochra Beladjamida, abogado del tribunal de Túnez, Eric Plouvier, abogado del tribunal de París y Marceau Sivieude, miembro del Secretariado Internacional de la FIDH, permaneció desde el 25 de noviembre hasta el 1 de diciembre de 2002 en Bangui, República Centroafricana (RCA), un mes después del intento de golpe de Estado del general Bozizé, ex-jefe de Estado mayor del ejercito centroafricano, contra el régimen de Patassé.

Con el apoyo de su contraparte, la Liga Centroafricana de los Derechos Humanos (LCDH), esta misión investigó las ejecuciones, violaciones, daños físicos y saqueos que sufrieron una vez más las poblaciones civiles centroafricanas por el intento de golpe de Estado del 25 de octubre de 2002, hechos que se vienen produciendo desde ese entonces.

Los enfrentamientos en la capital entre el 25 y el 30 de octubre del 2002 se produjeron violando flagrantemente las leyes de guerra inscritas en los Convenios de Ginebra de 1949. Por otro lado, las represalias de las fuerzas del gobierno contra los rebeldes y sobre todo contra la población civil, han sido calificadas por la misión como crímenes de guerra, competencia de la Corte Penal Internacional, cuyo Estatuto fue ratificado por la RCA el 3 de octubre de 2001.

En efecto, debilitado militarmente por los anteriores intentos de golpe de Estado (informe de la FIDH – RCA: Entre el discurso y la realidad, hay un hoyo abierto), el Presidente Patassé, desconfiado de su ejercito regular (las Fuerzas Armadas Centroafricanas) que se aliaron en parte a los ex-golpistas, se rodeó, buscando protección, de un puñado de libios armados, del apoyo de los hombres del congolés Jean-Pierre Bemba, y de las tropas del mercenario chadiano Abdoulaye Miskine.

Cuando las tropas de Bozizé se retiraron hacia el norte del país, los hombres de Bemba, a quienes había llamado el Presidente Patassé retomaron el control de los territorios ocupados anteriormente por los rebeldes. Estos “congoleses” perpetraron crímenes de guerra contra los habitantes tomando como pretexto su complicidad pasiva con las tropas de Bozizé, con el objetivo de constituirse en un “botín” de guerra. Los encargados de misión de la FIDH recogieron los testimonios abrumadores de numerosas víctimas civiles atribuyendo formalmente a los hombres de Bemba saqueos sistemáticos, violaciones y muertes. Elementos estadísticos permiten afirmar que estos crímenes fueron muy numerosos.

Por otro lado, los encargados de misión recogieron testimonios concordantes y constataron en el lugar de los hechos la existencia de osarios, lo que les permite afirmar que los días 30 y 31 de octubre de 2002, en el mercado de ganado, situado en el Puesto Kilométrico 12 en la carretera de Bouali, se cometieron tres series de asesinatos colectivos, cuyas víctimas son probablemente personas civiles. Los autores habrían sido hombres bajo el mando de Abdoulaye Miskine.

Los encargados de misión de la FIDH concluyen que sí se trata de crímenes de guerra perpetrados por los hombres de Bemba, por Miskine y sus tropas, de acuerdo con la definición de estos crímenes por el artículo 8 del Estatuto de la Corte Penal Internacional (CPI). La FIDH considera que, conociendo los hechos, la ausencia de una reacción de los superiores jerárquicos para impedir crímenes como éstos o sancionar a sus autores, compromete la responsabilidad individual penal internacional de Jean Pierre Bemba, de Abdoulaye Miskine y del Presidente de la República Centroafricana, jefe del ejercito, Ange-Felix Patassé.

Teniendo en cuenta la amplitud y el carácter sistemático de los crímenes cometidos contra la población civil desde el 25 de octubre de 2002 y la impunidad de la que gozan sus actores desde entonces, la FIDH ha decidido invitar formalmente a la Corte penal internacional.

Se trata de la primera “denuncia” transmitida de esta manera por la FIDH a esta instancia desde que sus Estatutos entraran en vigor el 1 de julio del 2002.

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