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10 de diciembre
de 2002,
En el terreno
diplomático, los Estados Unidos tratan de organizar una coalición
lo más amplia posible. En el terreno de las consciencias,
muchos medios de comunicacionpreparan a la opinión pública
a lo ineluctable. En el terreno de las operaciones, los equipos
y el personal parecen listos para actuar. Poco a poco, y cualquiera
sea el resultado de las investigaciones realizadas por los inspectores
de la ONU, se va dibujando una nueva guerra del golfo, aparentemente
inevitable, casi lógica. El Buró Internacional de
la FIDH, compuesto de 22 miembros provenientes de todas las regiones
del mundo, acaba de adoptar la siguiente posición, publicada
el 10 de diciembre de 2002 con motivo del día internacional
de los derechos humanos (54° aniversario de la Declaración
Universal de Derechos Humanos):
París,
10 de diciembre de 2002 - Desde hace mucho tiempo La FIDH ha denunciado
los crímenes contra la humanidad cometidos por Saddam Hussein
y su régimen, que han ocasionado terribles sufrimientos a
la población de Irak y respalda su deseo de emanciparse de
ese régimen. Sin embargo, la guerra norteamericana anunciada
no correspondería en nada a estas aspiraciones.
Como todos los
pueblos de la región, la población de Irak sometida
a la dictadura del terror de Saddam Hussein y a violaciones sistemáticas
de sus derechos debido al embargo de la ONU , comparte aspiraciones
esenciales comenzando por la de la solución de los conflictos
(y no sólo del conflicto israelo-palestino). También
aspira al mismo tiempo a la justicia social y al desarrollo económico
?El Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo ha subrayado
recientemente como esta rica región ha permanecido fuera
de las dinámicas de desarrollo y de transición democrática?.
Por último, reclama el respeto natural de sus libertades
y derechos fundamentales -civiles, políticos, económicos,
sociales y culturales a los que puede pretender legítimamente.
Este respeto pasa también por la gestión democrática
de su pluralismo (tratándose especialmente de los derechos
de las minorías nacionales, étnicas, religiosas, culturales).
Ahora bien,
ninguna de estas aspiraciones se resolvería si la superpotencia
norteamericana iniciara un conflicto. En primer lugar esta guerra
sólo procede del oportunismo de la administración
norteamericana con objetivos múltiples y muy alejados del
deber de asistencia a las víctimas del régimen de
Bagdad: geopolítico y económico, por supuesto, pero
también de política interna. Además, esta guerra
tendría consecuencias devastadoras para la región
y especialmente para la población civil más vulnerable
y que ya ha sufrido duramente: esta guerra sólo agravaría
los problemas que pretende resolver.
Por otro lado,
una guerra legal (aunque fuera autorizada por el Consejo de Seguridad
en virtud del Capítulo VII) no dejaría de ser ilegítima.
Resultaría básicamente del voluntarismo de la administración
Bush tendiente a decidir del Bien y del Mal -la mayoría de
la comunidad internacional se opone a la apreciación norteamericana?.
Además, la implicación, in fine, del Consejo de Seguridad
se limitaría a dar la apariencia de legalidad a la intervención
armada eventual -lo que hace resaltar nuevamente la importancia
y la urgencia de una reforma del Consejo de Seguridad?. El papel
de las Naciones Unidas sería sólo administrativo (guardián
de las formas) cuando en realidad le tocaría encontrar y
hacer aplicar soluciones de fondo en nombre de la comunidad internacional
y no bajo la coerción del más potente de sus miembros.
Finalmente, un conflicto "legalizado" de esta forma consagraría
la manipulación selectiva del Consejo de Seguridad y la "ley
del embudo". Otros estados, debido a su política y al
armamento del que disponen, representan amenazas más graves
para la paz y la seguridad internacional que Irak.
Responder a
las aspiraciones de las poblaciones Iraquí y de la región
supone otros medios cuya aplicación incumbe especialmente
al Consejo de Seguridad.
La FIDH hace
un llamado al Consejo de Seguridad para que se oponga enérgicamente
al proyecto norteamericano.
Le hace un llamado
para:
1. Instaurar
urgentemente un Tribunal Penal Internacional ad hoc para juzgar
a Saddam Hussein y a los otros autores de crímenes internacionales
contra la población de Irak -ya que no se les puede someter
a la Corte Penal Internacional, su competencia no es retroactiva.
2. Levantar
enseguida el embargo de las Naciones Unidas, salvo el embargo sobre
las armas, y tomar las sanciones específicas contra Saddam
Hussein y sus cómplices.
3. Aplicar un
plan de acción para promover los derechos humanos, la democracia
y el desarrollo en todos los estados de la región. El Consejo
de Seguridad debe primero exigirles:
- la adhesión
y el establecimiento efectivo de instrumentos internacionales de
protección de los derechos humanos y en especial: los dos
pactos sobre los derechos civiles, políticos, económicos,
sociales y culturales, el convenio contra la tortura, el convenio
por la eliminación de las discriminaciones de las mujeres,
el convenio de derechos del niño, el convenio contra la discriminación
racial, el convenio sobre los derechos de los trabajadores inmigrantes,
el convenio sobre los derechos de los refugiados así como
los convenios de Ginebra sobre la protección de las poblaciones
civiles durante un conflicto armado,
- la adhesión al estatuto de la Corte Penal Internacional.
En todos los
ámbitos, y sobre todo si se trata de iniciar una operación
armada de restablecimiento de la paz y de la seguridad internacional,
la implicación de las Naciones Unidas no debe ser selectiva
y debe ser indivisible. Todos los pueblos tienen los mismos derechos
y todos los gobiernos tienen las mismas obligaciones.
El Buró
internacional de la FIDH
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