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París,
Nueva York, Dakar, el 3 de octubre de 2001.
Mientras
el gobierno estadounidense promueve una amplia cooperación
de los Estados - incluso a nivel judicial - para luchar contra
el terrorismo en respuesta a los terribles atentados perpetrados
en Nueva York y Washington el 11 de setiembre, este mismo gobierno
apoya una ley contra la Corte Penal Internacional (CPI), que
fue introducida ayer ante el Senado estadounidense.
La ley titulada
"Ley de Protección del Personal Militar Estadounidense
(American Service Members Protection Act - ASPA):
- Prohibiría
toda asistencia militar a la mayoría de los Estados que
ratificaron el Estatuto de roma (excepto los países de
la OTAN y los principales aliados que no son de la OTAN así
como Taiwan);
- Limitaría la transmisión de información
sobre la seguridad nacional para los países que ratificaron
el Estatuto de Roma de la CPI;
- Se opondría a la participación estadounidense
en las operaciones para el mantenimiento de la paz de la ONU;
- Autorizaría al Presidente a utilizar "todos los
medios necesarios y adecuados" para liberar a un ciudadano
estadounidense detenido por la CPI.
Es cierto
que el proyecto prevé la posibilidad -estrictamente limitada-
de que tales prohibiciones sean suprimidas por el Presidente
estadounidense. Sin embargo, esta ley merece realmente el calificativo
de "Ley de Invasión de La Haya ("Hague Invasion
Act") con referencia a la sede de la Corte Penal Internacional.
Aunque la
ley no fue votada por el Senado, el señor. Jesse Helms,
Presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del
Congreso, está decidido a aprovechar todas las oportunidades
legislativas para ponerla de nuevo en el orden del día.
Esta ley parece ser parte de un compromiso alcanzado entre el
gobierno y los senadores republicanos, de modo que ellos llegarían
a un acuerdo sobre la Ley de pagos atrasados de Estados Unidos
a NN.UU.
Si se adopta
este proyecto, esto sería una ofensa a todas las víctimas
que están esperando la instauración de la Corte
Penal Internacional, y a todos los Estados que hicieron esfuerzos
importantes para contribuir a una lucha internacional eficaz
contra la impunidad.
Constituye
una verdadera espada de Damoclés, que amenazaría
el proceso entero de ratificación del Estatuto de la
CPI, y entorpecería muy seriamente el propio funcionamiento
de la futura Corte
Al momento
de redactar esta nota, 42 Estados han ratificado el Estatuto.
Los Estados afectados por la Ley, ya que es posible que no reciban
más cooperación militar de los EE.UU., son los
que más apoyo necesitan para el proceso de ratificación.
Se trata principalmente de Estados de los continentes: africano,
asiático y de los Estados árabes.
Por último,
en el contexto internacional actual, esta ley se encuentra en
perfecta contradicción con la declarada voluntad estadounidense
de desarrollar las herramientas de la represión judicial
sobre los autores de crímenes terroristas, mientras la
CPI tiene como objetivo sancionar a los autores de los crímenes
más graves.
Este proyecto
de ley inicuo ha de ser simplemente abandonado. En su defecto,
el Presidente Bush debe oponerse a su firma. Este es el llamamiento
lanzado hoy por la FIDH a las más altas autoridades estadounidenses.
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