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El
Buró internacional de la FIDH (Federación internacional
de los derechos humanos), instancia dirigente de la organización,
reunida en París del 19 al 21 de octubre de 2001, ha
hecho público en el día de hoy el comunicado siguiente
:
Paris,
20 de octubre de 2001- La FIDH reitera su condena absoluta
a los actos terroristas del 11 de septiembre de 2001 y reafirma
el derecho de defensa frente a tales atentados, de una amplitud
sin igual en toda la historia del terrorismo. Igualmente, la
FIDH expresa su extrema preocupación acerca de la acción
militar de los Estados Unidos en Afganistán.
La FIDH
recuerda que la represión de los actos terroristas, aunque
necesaria, no debe desvincularse del respeto de los principios
universales de protección de los derechos humanos y del
marco legal internacional, ya que lo contrario supondría
entrar en el juego de los autores de los atentados.
Sin embargo,
acogemos con satisfacción la toma de conciencia, aunque
tardía, de la naturaleza totalitaria del régimen
Talibán. La FIDH considera que la réplica militar
constituye en su esencia una operación unilateral de
los Estados Unidos, apoyada por sus aliados habituales. En ningún
caso se trata de una acción concertada de la Comunidad
internacional en el marco multilateral de las Naciones Unidas.
Corresponde, de acuerdo con la Carta de Naciones Unidas, al
Consejo de Seguridad la adopción urgente de las medidas
necesarias para el restablecimiento de la paz y de la seguridad
internacional y la contribución a una solución
democrática en Afganistán.
La falta
de transparencia en torno a la intervención americana
ha suscitado numerosas interrogaciones e inquietudes. Por un
lado, es inadmisible que las pruebas que implican a la red de
Ben Laden y que muestran la complicidad del régimen "Taliban"
no hayan sido objeto de debates en el seno del Consejo de Seguridad.
Del mismo modo, sería inaceptable que los Estados Unidos
decidan unilateralmente ampliar las operaciones militares hacia
otros países sin que exista una decisión del Consejo
de Seguridad a este respecto. Finalmente, la FIDH debe expresar
su extrema preocupación por el sufrimiento de la población
civil afgana, que es muy importante a pesar de la existencia
de una ayuda humanitaria que se utiliza más bien como
coartada. La FIDH promueve la implementación de una ayuda
humanitaria masiva e independiente.
La FIDH
duda que la naturaleza de la réplica militar se encuentre
adaptada a las necesidades legítimas de seguridad de
las poblaciones afectadas por el terrorismo en Estados Unidos,
así como en numerosos países tanto en el norte
y en el sur.
Al contrario,
se corre el peligro de iniciar un engranaje de violencias incontrolables,
susceptibles de exacerbar los resentimientos de una gran parte
de la población de los países del sur contra los
Estados Unidos. De este modo, en lugar de contribuir a su eliminación,
se contribuiría a la multiplicación de los actos
terroristas.
Otro riesgo
importante, del que ya se pueden observar ciertas concretizaciones,
consiste en que un cierto número de Estados democráticos
desarrollen restricciones injustificadas a las libertades públicas
bajo pretexto de lucha contra el terrorismo y que Estados autoritarios
desarrollen una represión arbitraria creciente.
Es sumamente
indispensable actuar con sangre fría y respetando los
principios del derecho. Esto implica la detención y el
enjuiciamiento de los autores de los atentados del 11 de septiembre
por una jurisdicción independiente y imparcial. Si no
se desea caer en la trampa tendida por los terroristas, la exigencia
de justicia debe prevalecer sobre la tentación de venganza.
Los crímenes del 11 de septiembre no debe pues de ningún
modo provocar una reacción estrictamente centrada en
los problemas de seguridad. Tales acontecimientos deben constituir
una oportunidad para iniciar una reflexión en profundidad
y una modificación radical del comportamiento de los
países más ricos, que debe dejar de inspirarse
únicamente por los privilegios e intereses de tales países.
La cooperación
internacional buscada (y en gran medida ya obtenida) por los
Estados Unidos en el marco de su réplica contra el terrorismo
no logrará sus objetivos a menos que no se progrese en
el terreno de la legalidad, sobre todo en lo que se refiere
a la implementación de la justicia internacional, independiente,
mediante el desarrollo de una cooperación judicial más
eficaz entre los Estados, mediante una cooperación financiera
capaz de luchar contra todos los tráficos y blanqueos
y mediante el rechazo de incriminaciones amplias susceptibles
de servir de pretexto a represiones arbitrarias motivadas por
el peligro terrorista.
En particular,
los Estados Unidos no pueden continuar aprovechándose
de su hegemonía para dispensarse del respeto de la legalidad
internacional, como si ésta última sólo
fuese aplicable a los otros Estados.
Se debe
pues cuestionar el apoyo de Estados unidos a regímenes
opresivos, como por ejemplo, Arabia Saudita y promover la implementación
de todas las medidas adecuadas para el cumplimiento de las decisiones
de Naciones Unidas, como por ejemplo las que se refieren al
derecho del pueblo palestino a crear un Estado viable. Igualmente,
Estados Unidos debe dejar de rechazar los tratados internacionales
(derechos de los niños, medio ambiente, minas antipersonas,
Tribunal Penal Internacional) que pretenden construir un mundo
más justo.
Evitar las
acciones de los autores de actos terroristas y prevenir la multiplicación
de estos últimos no debe limitarse a una acción
militar o policial.
Para evitar
estas acciones terroristas y para prevenir la multiplicación
de atentados, se precisa una respuesta efectiva a las múltiples
violaciones de derechos humanos, civiles, políticos,
económicos, sociales o culturales. Tales violaciones
constituyen una fuente de desesperación y de fanatismo.
Igualmente, también se precisa el establecimiento de
regímenes democráticos que substituyan a los regímenes
dictatoriales.
La lucha
contra el terrorismo no será eficaz sin un proceso de
globalización económica que respete las igualdades
y que no sea sinónimo de exclusión sino de inclusión
no discriminatoria.
La única
coalición válida es la de la Comunidad internacional
en su conjunto bajo el lema de "todos los derechos humanos
para todos".
E. MAIL
: fidh@fidh.org
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