A pesar de los esfuerzos de conciliación llevados por la OEA y por el premio Nobel de la paz Oscar Arias, en los últimos días el gobierno de facto ha demostrado una vez más su falta de voluntad de encontrar una salida dialogada y pacífica a la situación provocada por el golpe de Estado, negándose a restablecer en el gobierno al presidente constitucionalmente electo, Manuel Zelaya e incrementando la represión.
Los golpistas se comprometieron a derogar el decreto 016-2009 que suspendía las garantías constitucionales (entre ellas la libertad de expresión y de movimiento) durante 45 días, emitido tras el regreso al país del presidente Zelaya. Sin embargo, esa decisión no ha sido publicada en el Diario Oficial y los golpistas siguen amparándose en este decreto para mantener la censura, represión y uso excesivo de la fuerza contra los opositores al régimen.
Por otra parte, el gobierno de facto ha adoptado y publicado un nuevo acuerdo ejecutivo (124-2009) que instruye la Comisión Nacional de Telecomunicaciones (CONATEL) a revocar o cancelar los permisos o licencias a emisoras de radio y televisión que emitan mensajes "que generen (…) un régimen de anarquía social en contra del Estado democrático llegando a atentar contra la paz social y los derechos humanos". Más allá de la derogación del decreto 016-2009 (derogación que aún, ni siquiera formalmente, no ha tenido lugar), el gobierno golpista no tiene ninguna intención de restablecer una de las garantías constitucionales más fundamentales: la libertad de expresión.
Además, la represión continúa y se sigue amenazando y persiguiendo a todos aquellos que expresen públicamente su rechazo al golpe de Estado. En este sentido, se ha secuestrado, torturado y amenazado a periodistas y políticos próximos al presidente Zelaya; se han emprendido acciones disciplinarias contra jueces que han manifestado su oposición al golpe de Estado; la polícia ha continuado lanzando bombas lacrimógenas, disparando balas de goma y golpeando a los manifestantes concentrados ante las embajadas de Guatemala y Estados Unidos, entre otras acciones.
Por lo tanto y en virtud de todas estas violaciones de derechos humanos que persisten en Honduras, las condiciones no hacen viable que este proceso electoral tenga legitimidad ni reconocimiento por la comunidad internacional, así lo ha establecido el Secretario General de la ONU, el gobierno de los EEUU y la OEA.
Por todo ello, la FIDH valora las reacciones de la Unión Europea e insta a la misma a:
Atentamente,
- Presidenta de la FIDH








